PISADAS SOBRE MÍ....

Por Gemma Demarcos.

 

 

 

           Estoy aburrido; hace mucho que no puedo salir de esta habitación, es confortable y no estoy a disgusto pero me aburro, no puedo oír música, no puedo leer y claro solo pensar no es suficiente entretenimiento.

           Recuerdo cómo lloraba mi madre, pobrecilla, yo nunca la había visto llorar así, si que de vez en cuando se le escapaba unas lágrimas al ver los reportajes de animales en televisión, no se por qué, pero el que los animales se murieran o se comieran unos a otros le emocionaba mucho, yo no la decía nada, hacia como si no lo hubiese visto, y lo mas curioso es que le encantaban y los veía siempre que podía.

           Se me escapan los pensamientos y me pongo a divagar, decía que mi madre lloraba sin parar y yo no me atrevía a preguntarle por que, temía descubrir que la causa era yo. Me cogía la mano, me besaba y lloraba y lloraba sin consuelo.

           Mi padre no estaba, como casi siempre, o como casi nunca, no se como decirlo, pero el caso es que nos veía poquísimo a mi madre y a mi, de vez en cuando se pasaba por casa, hacia como si viniera de viaje, dejaba una bolsa de ropa sucia para que Pepa la lavara, se bañaba, se acicalaba durante horas en el cuarto de baño y después nos buscaba a mi madre y a mi por toda la casa, no es que tuviera que llevar una brújula para encontrarnos, no es eso, la casa no es tan grande, pero mi madre, si esta en casa, suele quedarse en su despacho trabajando o en el jardín leyendo y yo suelo estar, cuando estoy, en mi habitación o viendo la televisión en el salón pequeño, como decía, nos buscaba, nos daba un beso y se iba.

           Nunca le preguntamos donde iba ni de donde volvía, era como un rito, como la marea, venía y se iba, venia y se iba, sin explicaciones, no se por qué sucedía ni nunca lo pregunté, en algún momento, me decía, el y mi madre habrían llegado a un acuerdo que les satisfacía a ambos y así seguían. Yo debía ser muy pequeño por entonces porque nunca oí gritos ni los vi regañar o enfadarse, quizás lo hicieran fuera de mi presencia, el caso es que para mi todo aquello era de lo mas normal. Sigo divagando, cada vez tengo menos control de mis pensamientos y me cuesta mas concentrarme.

           Decía que mi madre lloraba, salia de la habitación en que estaba con más médicos, yo la veía a través de la cristalera, gesticulaba muy alterada, había dejado de llorar y ahora gritaba, yo no podía oírla pero la veía. Volvieron a entrar y los médicos me rodearon, me pusieron algo en el suero del brazo y empezaron a apagar los aparatos que me rodeaban, yo me dormí. Cuando desperté ya estaba en esta habitación, supongo que estoy en una clínica y mi enfermedad me obliga a estar sin luz, no me importa demasiado, creo también que debo ser contagioso pues mi madre no ha vuelto a verme. Se que me quiere, que soy su vida y si pudiera estaría conmigo, los médicos no la dejan venir, pobre, como debe estar sufriendo. Que no venga mi padre no me extraña, quizás todavía no sabe que estoy enfermo, nunca le he echado de menos y ahora tampoco.

           Me aburro ¿cuanto tiempo llevaré aquí? La comida me la deben dar por sonda pues no me traen bandejas, también debo estar sondado por otras parte pues parece que nunca siento necesidad de ir al servicio.

           Hace un tiempo he estado oyendo pisadas en el piso de arriba, pisadas, carreras, gritos y risas, alguien debe de haberse recuperado y lo celebraban, pero la juerga ha sido memorable, se oían botellas, brindis y música, tanto jaleo hubo que vino la policía, oí la sirena y las voces de los agentes haciendo que se fueran, supongo que la Clínica los llamo, lo que no se es como tardo tanto, es mas no se como permitió que ocurriera, molestaban a los demás pacientes. Siempre oigo pasos en el piso de arriba, caminan y caminan encima de estas habitaciones, es muy molesto, eso y los llantos que oigo, tendré que decírselo a alguien. Por contra en las habitaciones de este piso no se oye apenas nada, muy de vez en cuando se abre una puerta, se escuchan voces y llantos así como ruidos metálicos y de arrastre y después silencio, creo que mueven camas o tren gente del quirófano, pero la mayoría del
tiempo todo esta tranquilo, no hay ruidos ni luces, nada que distraiga los pensamientos.

           El tiempo es una cosa muy relativa, ya dije que no puedo calcular el que llevo aquí, pero recuerdo como, antes de estar enfermo, me parecía que pasaba muy lentamente, deseaba ser mayor, formar una familia, llevar el negoció de mama y así permitirla descansar y cuidarla siempre. En la fiesta de mi veinte cumpleaños ni siquiera le agradecí el esfuerzo que hizo permitiéndome traer a casa a toda la tropa de mis amigos, esos que a ella no le gustaban, callo y puso buena cara y yo no reconocí su esfuerzo. Como me decía, el tiempo pasaba lenta y agradablemente, parecía que el mañana estaba escrito y no seria muy diferente a como yo lo imaginaba. Me gustaría verla, me gustaría decirle todas estas cosas que pienso. Seguiré esperando pues se que antes o después
vendrá.

           No pienso mucho en la realidad actual, quizás debiera preguntarme muchas cosas para las que no tengo contestación; mejor sigo pensando en sentimientos. Oigo ruidos en la puerta, hay muchas personas, lloran, que raro, les esta costando mucho abrirla, esta como atrancada y además cerrada con llave pues oigo como se mueve en la cerradura.

           -¡Pobre Sara, que pena! ¡No pudo reponerse de lo de su hijo! ¿Qué es lo que oigo? hablan de mi
madre ¿qué le habrá pasado? ¿será ella la que viene?

           -Si Vicente, ve a ver si encuentras al vigilante y nos ayuda a abrir la puerta

           Es mi padre el que esta fuera, a mi madre le ha debido pasar algo muy malo pues no me explico que no venga ella.

           -Hay que abrirla como sea, Sara no puede quedarse aquí, debe estar con su hijo.

          Claro que si, ¡que alegría! mi madre esta ahí fuera, viene a verme, quizás le dejen estar conmigo, ya abren la puerta, ya gira la llave ¿por qué estaría cerrada con llave? Veo entrar unas figuras que no logro reconocer, mis ojos no están acostumbrados a la luz y necesitan tiempo, ya voy viendo más, traen algo entre varias personas, es grande, lo dejan a mi lado y lo rodean, ya veo la habitación con más claridad, es grande y sin muebles, les oigo rezar, ¡Dios mío! ¡Dios mío! no estoy enfermo, esto es un panteón, y yo ¡Estoy muerto!

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