Madrid, Enero de 2009.
LA HORNILLA.
Cualquier parecido con la realidad, de personajes y situaciones en este relato, son producto de la imaginación del que lo lee.
Todo empezó con un regalo.
Diciembre de 2005.
-Felicidades Clara.
-Gracias María.
-¿Que tal llevas un año más?
-Igual de mal que los anteriores, esto de envejecer no es para mí.
María rió con la manía de su hermana de quitarse años. A ella no le importaba echarse años encima, quizá, porque los llevaba muy bien.
-Bueno, ¿qué te han regalado?
-Muchas cosas, unos zapatos, un anillo, un jersey y unos pantalones.
-Y una hornilla.
-¿Una hornilla?
-Sí, ¿recuerdas la que vimos cuando estuviste aquí? La grande.
-¿Aquella que tenía un horno maravilloso y grandísimo, y que fuimos a ver en un almacén a las afueras?
-Justo, esa misma. Pues te la hemos comprado.
-Vaya… gracias. ¿Y quiénes me la habéis comprado?
-Tu hija mayor Marta y yo.
-Pues no debíais haberos metido en ese gasto.
-¡No digas! Tienes una hornilla que es más vieja que Matusalén.
-Pero sigue funcionando.
-Y el día menos pensado te dará un disgusto. Bueno, el caso es que te la mandarán de la fábrica directamente, pues en tu ciudad no tienen distribuidor.
-¿Y en donde está la fabrica?
-En el norte. Y me han dicho que tardarán, más o menos, un mes.
-Muy bien, ya te llamaré cuando llegue. Y otra vez, gracias.
Febrero de 2006.
-Hola María, soy yo.
-Hola, ¿ya te ha llegado?
-Que va, por eso te llamaba. Tendrías que hablar con el señor de la tienda, a ver que te dice.
-Lo haré esta tarde y luego te llamo.
-¿Clara?
-Hola, ¿qué sabes?
-Pues… en realidad nada. El encargado me ha dicho que hicieron el pedido a la fábrica y que pensaba que ya la tendrías.
-¡Que más quisiera yo! ¿Y que piensa hacer?
-Poco pueden hacer, me dijo que ya no esta en sus manos, pero de todas formas, hablará con el dueño, para que sea él el que llame de nuevo a la fábrica, y tal vez pueda hacer presión y que te lo manden lo antes posible.
-Esto es una tomadura de pelo, además, yo me voy el mes de marzo de vacaciones.
-¡Mujer, yo creo que para entonces ya la tendrás allí!
-Eso espero. Si te dicen algo cuéntamelo.
Abril de 2006.
-¿Maria?
-Hola Clara, ¿que tal las vacaciones?
-Bien, muy bien, ya sabes que las vacaciones siempre vienen bien, ¿y tú?
-Bien también. Por cierto ¿te llegaron a mandar la hornilla?
-No, ni hablar. Con lo de las vacaciones lo dejé de lado, pero no he sabido nada de nadie.
-¡Chica, esto es aburrido! Trataré de hablar con el dueño del almacén para que me cuente que gestiones hicieron y que les dijeron desde la fábrica. Mañana te llamo.
-Clara, soy yo.
-Hola María, ¿qué me cuentas?
-Verás, el dueño de la tienda me dice que él habló por teléfono con el gerente de la fábrica y le aseguró que la hornilla estaba lista, que estaban esperando un transporte que pasara por tu ciudad, para mandarlo, pues enviar una sola hornilla en un camión es muy caro.
-¿Y cuando piensan que lo harán?
-En no más de un mes.
-Esperemos que sea verdad.
-De todas formas, me comentó el dueño del almacén, que el gerente de la fábrica tiene pensado venir a verle en mayo, y si no te hubieran mandado la hornilla para entonces, él le hablara cara a cara a ver que pasa.
-Todo está muy bien, pero ya han pasado más de cinco meses.
-Eso le dije yo, pero ya sabes… ellos no tienen la culpa de nada, es cosa de la fábrica.
-Todos tienen una cara que se la pisan.
-Otra cosa Clara, le di tu número de teléfono, pues ya sabes que yo me voy todo el mes de mayo fuera.
-Tú te vas en mayo y yo me voy en junio.
-Esperemos que para cuando te vayas tú ya te la hayan mandado.
-Esperemos.
Julio de 2006.
-¿Hermana?
-Hola Clara, ¿Qué tal tu viaje?
-Muy bien, ¿y el tuyo?
-Estupendamente. Bueno, anda, dime que recibiste la hornilla antes de irte.
-Pues no, bonita mía, no recibí nada, ni la hornilla ni una llamada.
-Lo malo es que el almacén esta cerrado este mes por vacaciones.
-Pues habrá que esperar a agosto.
-Si es que ese mes no cierra la fábrica.
-Entonces hasta septiembre no podemos hacer nada, y lo peor es que yo me vuelvo a ir en ese mes.
-¿Y no puedes dejar a nadie en casa para que lo reciba?
-Si, seguro que sí. Le diré a Marta, tu sobrina, que se acerque. Eso si és que lo traen, pues imagino que llamaran antes.
-En cualquier caso, yo voy a acercarme, en agosto, que ya estará abierto, al almacén a ver que me cuentan.
-Está bien. Si hay alguna novedad me lo cuentas.
-Ni lo dudes.
Agosto de 2009.
-¿Clara?
-María, ¿qué me cuentas, hablaste con esa gente?
-Sí, ayer, y sorpréndete, ya no llevan esas hornillas. Por lo visto cuando vino, en mayo, el gerente de la fábrica, se pelearon él y el dueño, no sé si por tú hornilla, pero el caso es que ahora tenemos que tratar directamente con la fábrica. Me dio el número de teléfono, pero me dijo, como suponíamos, que están de vacaciones este mes.
-Entonces, al mes que viene, en el que yo no estoy, te encargas de llamarles tú y si fueran a mandarlo, le llamas a Marta y le dices que se acerque a mi casa y la reciba. Ella tiene llave.
-No te preocupes, yo me encargo de todo.
-¿Tú crees que llegaré a tener esa hornilla?
-¡Por supuesto que sí! Es la que te gusta y lo conseguiremos.
-Lo malo es que la mía esta empezando a fallar. Si tarda demasiado tendré que comprar otra.
-¡No seas agorera! Si ha aguantado hasta aquí, no se va a romper de un día para otro.
Octubre de 2006.
-¡Clara, grandes novedades!
-¡No me digas! Será en otra cosa pues la hornilla no está aquí. ¿Hablaste con la fábrica?
-Si, más bien, ellos hablaron conmigo. Me llamó el gerente, un hombre muy zalamero y rollista. Tan es así, que estuvimos charlando más de media hora.
-¿Y de que hablasteis?
-De todo, casi me contó su vida. Me dijo que es el dueño además de gerente. Me explicó que había roto el contrato de representación con el dueño del almacén, porque no vendía lo suficiente y no trataba bien a los clientes, con lo que, los problemas como el nuestro, los tenía que acabar resolviéndolos él.
-¿Y que solución te dio para la hornilla?
-Me preguntó si le había pagado la hornilla al almacén, y cuando le dije que sí, me pidió que fuera y reclamara el dinero pues la hornilla no iba a pasar por ellos. Lo hice y me devolvieron el dinero sin rechistar.
-¿Entonces sigue en vigor la compra?
-Sí, se va a encargar la fábrica de todo. Yo te mandaré el dinero a ti, y cuando llegue, se lo pagas a los que te lo lleven.
-¿Y cuando esperan que sea eso?
-En un mes, pero ya conoces eso de que “lo mas seguro es que quién sabe”
-Si hay novedades me llamas.
-Por supuesto.
Noviembre de2006.
-María, soy yo. ¿Sabes algo de la hornilla?
-Te iba a llamar esta noche. Ayer me llamó la secretaría del gerente, la señorita Luz, y me dijo que la hornilla ya esta fabricada. Pero que ahora el problema estriba, en que no encuentran forma de enviarla, y que están en ello.
-¿Y que problema hay en traerla?
-Pues que si la mandan sola, el trasporte es más caro que la propia cocina, y si la incluyen con otras, ningún camión tiene que pasar por tu ciudad.
-¿Y si voy yo a por la cocina a la fábrica?
-Ya se me ha ocurrido a mí y se lo he comentado.
-¿Y que te ha dicho?
-Pues que si calculas, lo que te va a costar alquilar una camioneta, pues la hornilla embalada es bastante grande, y una noche de hotel, mínimo que tendrías que estar, mas el precio de la hornilla, te sale más caro que si te compras una cerca de ti.
-Es verdad… entonces solo queda seguir esperando.
-También me comentó que el gerente, y dueño, esta buscando distribuidores en tú ciudad o en los alrededores, y que esa sería la solución. Te lo mandarían ellos.
-¿Y cuando calculan que sería eso?
-En un mes o así.
-En cuanto se descuiden nos metemos en la Navidad.
-Además volverá a ser tú cumpleaños y todavía no tienes el regalo del anterior.
-No será porque no lo hayamos intentado.
-Eso me decía, la última vez que hablé con la señorita Luz, que en la vida supuso que pudieran tener unas clientas tan pacientes como nosotras.
-Yo tampoco imaginé que fuéramos tan cabezotas, después de todo este tiempo, de querer conseguir esa hornilla.
-Lo que pasa es que ya se ha convertido en una cosa de amor propio.
-Algo así debe ser.
-Espero que esté resuelto antes de las Navidades.
-Yo también pues si no es así, voy a tener que cocer el cordero, no asarlo, pues este horno ya no me funciona.
Diciembre de 2006.
-Feliz Navidad Clara.
-Feliz Navidad María.
-Tengo noticias nuevas.
-¿De qué?
-De que va a ser, de la maldita hornilla y de los informales de la fábrica.
-¿Te han llamado?
-Que va, les he tenido que llamar yo, en vista de que no sabia nada y tú no me habías dicho que lo hubieras recibido.
-¿Y que cuento te han contado?
-Parece que ya tienen distribuidor, no en tu ciudad, pero sí muy cerca. Así que me han pedido tu teléfono, para que el distribuidor hable contigo directamente. Cosa que me imagino hará en Enero.
-Bueno, pues lo que te decía, el cordero cocido.
-¿Es verdad?
-No, es broma, ya he quedado con Marta en ir a su casa a pasar las fiestas.
-Claro, es la solución mejor. Ya me contarás al mes que viene si te llaman.
-Serás la primera en enterarte del siguiente capítulo del serial “La hornilla mágica”
-¡Qué payasa eres, -Maria reía.-
-O te lo tomas así, o quemas la fábrica.
Enero de 2007.
-¡Albricias María!
-¡No me digas que ya!
-Pues sí, ya tengo la hornilla. Te cuento, me llamó, a primeros de mes, la distribuidora que han puesto en un pueblo cercano de aquí y me dijo que tenía nuestro pedido y, aunque ellos no vendían a particulares, harían una excepción con nosotras dado que se lo habían pedido desde fábrica, que ahora estaba esperando mandar algún pedido a esta ciudad y que incluiría la mía, que ya me avisaría.
-¿Y como no me llamaste para contármelo?
-¿Para qué, si a lo peor era mentira?
-Pero no ha sido así.
-No, y por eso te llamo ahora. La tengo en la terraza pues ahora he de llamar al instalador del gas para que me quite la vieja y me ponga la nueva.
-¿Cuando será eso?
-Mañana.
-Bueno, pues mañana, ¡por fin! Tendrás tu regalo del año pasado.
-No creas que las tengo todas conmigo, hasta que no la pueda usar no me lo creeré.
-Me llamas si hay alguna novedad.
-¿María?
-Hola Clara, ¿qué me cuentas?
-Malas noticias. Vino el instalador y quitó la hornilla vieja y puso la nueva, hasta ahí bien, pero nada mas abrir el horno, por cierto, enorme, se dio cuenta de que la parrilla y la bandeja no se dejaban sacar, a fuerza de fuerza las sacó, después, al probar el horno y el grill vio que no iban bien y como él no debía hacer nada más, me recomendó que llamara al servicio técnico.
-¡No me lo puedo creer, más problemas!
-Espera, espera, que no he acabado. Como me dijo llamé al servicio técnico y ¡asómbrate! Ellos no cubren mi ciudad. Así que llamé a la tal señorita Luz, que me confirmó que en mi ciudad, como no tienen distribuidores ni ninguna tienda vende estas hornillas, no necesitan tener servicio técnico.
-¿Y qué te dijo que hagas?
-Me dijo que como un favor, dado lo que se ha alargado la entrega de la hornilla, me mandarían el que tienen en el pueblo cercano.
-¿Y ya han ido?
-¡Que dices! Quedaron en que ya me llamarían cuando pudieran venir.
-Y mientras, ¿puedes usar la hornilla?
-Solo los fuegos de encima, donde hay otra pega, las parillas de arriba están cojas.
-¿Como cojas?
-Cojas… como una mesa a la que tienes que poner un papelito en una pata. Y no veas lo molesto que es el ruidito que hace.
-Me lo imagino. Bien llámame con las novedades.
Febrero de 2007.
-¿Clara?
-Hola María.
-Es que como no me llamabas y me dejaste preocupada con las pegas de la hornilla, quería sabes si ya había ido el servicio técnico.
-No vienen hasta pasado mañana. Por eso no te he llamado.
-Pues entonces espero tus noticias.
-¿María?
-Hola Clara, ¿qué te han dicho los del servicio técnico?
-Pues han reconocido todos los defectos que tiene la hornilla, y que vienen de fábrica. Las parrillas superiores no asientan porque los agujeros, para los pinchos que las anclan, son más pequeños que estos. El problema con la parrilla de horno és que es más grande que el horno, muy poco, pero suficiente para que no entre ni salga bien y el de la bandeja és que el reborde de la puerta no está bien rematado y tropieza con la bandeja. Por otra parte la regulación del gas no es la idónea y tendrán que volver con una pieza para arreglarlo.
-¡Vaya porquería de hornilla!
-Eso he dicho yo, es más, les he dicho que no quiero ésta hornilla en particular, que me manden otra o que nos devuelvan el dinero y se lleven esta.
-¿Y que te han contestado?
-Todavía nada, el operario del servicio técnico va a dar su dictamen a fábrica y veremos que me contestan.
-¡Siguiente capítulo! Esto no es un serial, se ha convertido en un drama.
-En lo que se ha convertido és, en una prueba de resistencia, haber quién puede mas si ellos o nosotras.
-Ganaremos nosotras.
-Veremos…
Marzo de 2007.
-¡Hola Clara, sorpresa, sorpresa!
-¡No me digas María! Yo todavía no se nada nuevo.
-Pues yo sí, y es de los más curioso.
-A ver…
-Ayer me llamó el gerente de la fábrica, ese que te dije que era tan obsequioso, pues bien, me contó que había recibido el dictamen del técnico y que ya estaba harto de esa hornilla, que le estaba dando más guerra que todas las otras que ha fabricado y que, ¡asómbrate! Me iba a mandar un cheque por el valor de la hornilla.
-¿Y cuando vendrán a recogerla? Porque me tendré que comprar otra rápidamente.
-No van a ir a recogerla, me dijo que la podías tirar con todo cuidado.
-¡Pues que bien! Ahora tengo dos hornillas que no funcionan y tengo que ponerme a buscar otra.
-Teníamos que habernos dado cuenta de que cuando las cosas se ponen así, y todo sale mal, es que no son para nosotras, y es mejor no insistir.
-Nos pierde nuestra cabezonería, no lo dudes.
-Bueno hermana, solo hemos tardado año y medio en darnos cuenta.
-Menos mal que solo ha sido año y medio. De todas formas no lo creeré hasta que lo vea. Tú, en cuanto recibas el cheque me lo dices, y entonces me pondré a buscar otra hornilla para mí y a alguien que pueda arreglar ésta, para regalarla a Caritas.
-Yo te llamo en cuanto lo reciba.
-Piensa que esto todavía no ha acabado…
Abril de 2007.
-Hola María.
-Hola Clara.
-¿Tu creías que el “culebron” de la hornilla había acabado?
-¿Y no es así?
-No hermana, no. Son increíbles.
-¿Qué es lo nuevo que ha pasado?
-Veras, me llamó la señorita Luz para decirme que habían pensado en recogerme la hornilla no fuera a ser que, como está defectuosa, hubiera algún accidente.
-¡Eso es un cuento!
-Naturalmente. Lo que pasa es que no quieren que me quede con el dinero y la hornilla, y a la postre, me vaya a salir gratis.
-¿Y que les dijiste?
-Pues que me parecía muy bien, pero que tendrían que esperar a que yo encuentre otra hornilla de mi gusto y la tenga en mi casa, pues de momento, no tengo más que esta.
-¿Estuvieron de acuerdo?
-Por supuesto, y no veas que amables. Pero mucho me temo que entre vacaciones, trabajo y mis muchas ocupaciones, voy a tardar un poco en encontrar una nueva.
-¿En serio? Y cuanto crees que vas a tardar.
No había cogido la ironía. Clara soltó la carcajada.
-Un año y tres meses hermana… eso por lo menos.
Gemma Demarcos.